Su padre tenía un amigo que levantaba una sola ceja. Su madre decía que era igualito a Gregory Peck.
Él trataba de imitarle, pero siempre que lo intentaba, su otra ceja ascendía también, burlándose de sus esfuerzos con una tozudez insoportable. Un día se rasuró la ceja derecha con la maquinilla de su padre. Éste gritó al verlo: "¿Este niño se ha vuelto loco o qué?!". Su madre exclamó: "¿Qué has hecho, criatura? ¡Podrías haberte cortado!". Él, en cambio, contemplaba orgulloso en el espejo, por fin, su única ceja subiendo y bajando como él quería.

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