El otro día entró una sombra por la ventana de mi cuarto...
Estuvo un buen rato revoloteando, perdida, confusa, tratando de encontrar su lugar, buscando parecerse a algo.
Finalmente, se agazapó temerosa en una esquina entre el techo y la pared, y allí pasó la noche.
Allí seguía cuando desperté por la mañana. Sin embargo, ya no dudaba: se había adueñado de aquella esquina, había crecido, ocupaba gran parte del techo y un buen trecho de la pared.
Ya no estaba cobijada, sino acechante, esperando su momento, dispuesta a extender su reino hasta el cabezal de mi cama para, en cualquier momento, abalanzarse sobre mí y envolverme en otro nuevo halo de oscuridad, de ésos en los que últimamente se me ve tan enfundada...
0 Sorbos de té:
Publicar un comentario