"¡Croak!"

Descalza, la princesa se sienta en la orilla y chapotea con los pies en el agua.
Tiene que encontrar una rana. Y no una cualquiera: ha de hallar la rana perfecta.
Ha desechado ya a todos los príncipes del reino y solo le queda confiar en las leyendas.
No entiende dónde se esconden... Estira el cuello, mira hacia un lado, hacia el otro, afina el oído... Pero no escucha nada.
Mientras tanto, ocultas entre los juncos, las ranas esperan calladas a que la princesa se marche.
En la charca también se cuentan historias: hubo algunos batracios que se dejaron seducir por bellas damas y, tras un beso envenenado, desaparecieron para siempre convertidos en altivos caballeros que ya nunca volvieron a croar.

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