Hasta el borde de la adolescencia, formaba una bola hermética y, supuestamente, autosuficiente.
Un universo denso, personal y turbio, donde nadie entraba: ni padres, ni afectos, ni su imagen, ni su existencia...
Se mantenía, como se suele decir, con nada, sin debilitarse jamás; existiendo en su más pequeña debilidad, pero encerrado y sintiendo pasar en su persona grandes trenes de una materia misteriosa.
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