Escribir puede ser un acto de generosidad espiritual, es cierto. Pero en un mundo que tiende a perder el mañana, el texto literario de pronto parece un acto de excentricidad extrema; un intento de expedición en el suelo fértil del pasado para ir hacia la niebla de un futuro como precipicio.
Es decir: escribir a pesar de todo.
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