A finales de julio nos dimos cuenta de lo despacio que iba todo...
Pensamos que era por el calor, pero en agosto tuvimos que aceptar la vida a cámara lenta:
las conversaciones, por ejemplo, se quedaban en el aire y podíamos ver las sílabas moverse de un interlocutor a otro. Y así hasta que todo se paró, hasta que el mundo dejó de girar.
No hubo golpe seco, nadie se cayó, los líquidos no se derramaron; solo esa quietud que nos invadió en mitad de las vacaciones.
Lo siguiente fue girar todo hacia el otro lado y que lo que había pasado volviera a ocurrir en sentido inverso...
Los vasos se llenaban de nuestra boca para vaciarse en las botellas, las conversaciones eran ininteligibles; caminar hacia atrás o conducir en sentido inverso se nos complicaba; pero sin duda, lo que más nos costó fue ver cómo se levantaban los muertos de sus tumbas, o que salieran caminando de los crematorios, sacudiéndose las cenizas del traje...
0 Sorbos de té:
Publicar un comentario