Bla bla bla bla bla

Los dos pensaban igual pero con diferentes palabras, diferentes matices, diferentes ojos...
Hasta tal punto eran distintas sus maneras de expresarse, que sentían que nunca estaban de acuerdo.
Discutían acaloradamente con idénticos argumentos -para ellos tan dispares- hasta que, finalmente se retractaban en un abrazo; de modo que, sin darse cuenta, se daban la razón a sí mismos.

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