En primer lugar se olvidó crear la tristeza y en segundo, hubo una clara equivocación al repartir el amor:
se le concedió todo a un solo hombre. Y éste se enamoró de Ella sin remedio, desde la cabeza hasta los pies; como nadie nunca jamás se ha podido volver a enamorar.
El resto de la humanidad miraba y no entendía. Era un sentimiento tan grande y profundo que dejaba al resto de los sentimientos como mundanos y estériles.
Al principio se reían de él y de sus acciones, pero con el paso del tiempo un nuevo sentimiento, algo incómodo, se asentó en ellos. Se caracterizaba por venir acompañado de unas cosquillas en el estómago y de un rubor en el rostro.
A alguien se le ocurrió llamarlo celos y fueron los que causaron que, un día lluvioso, aprovechando la oscuridad de la noche y los sonidos de la tormenta, alguien cometiera un terrible crimen...
Nunca se supo quién fue el causante. Tampoco nadie lo investigó porque, con ese asesinato, el amor que él sentía se liberó, salió volando en todas las direcciones e inundó a todos.
Pero ahora que Ella sabía qué era el amor entendía perfectamente las acciones de Él. Y esto fue lo que provocó que la tristeza hiciera acto de presencia en el mundo: Ella fue la primera persona triste que hubo y, por tanto, acumulaba toda la tristeza del mundo...
El peso era tan grande que justo un mes después del crimen, en otra noche lluviosa, Ella se suicidó.
La tristeza que sentía se liberó de su cuerpo, salió volando en todas las direcciones y entró en todos y cada uno del resto de los habitantes de ese mundo.
Desde entonces el amor y la tristeza andan de la mano, entrando y saliendo de los cuerpos, mudando de aquellos que dejan de sentirlo para viajar a otros que empezarán a sufrirlo... O a disfrutarlo.
0 Sorbos de té:
Publicar un comentario