Martín

Martín tiene ojos de estrella porque se pasa las noches mirando al cielo. En el pueblo todos hablan de él...
"¿Cuándo sentará la cabeza este muchacho?", se preguntan. Pero al cruzarse con Martín, nadie es capaz de decírselo. Se quedan mudos, perdidos en su mirada llena de instantáneas luminosas. Y cada cual encuentra una imagen especial para sí.
En los ojos del joven, la maestra se ve montada en una motocicleta, recorriendo a toda velocidad carreteras llenas de curvas entre montañas escarpadas.
El panadero demuele edificios inútiles y los convierte en jardines llenos de naranjos y margaritas indecisas.
La mujer del lechero toca las campanas de la iglesia, componiendo sinfonías con su repique melodioso.
Y el posadero se descubre como avezado constructor de ascensores para subir a las nubes...
Martín es hacedor de sueños y no quiere guardárselos para él. Por eso, en el pueblo, la maestra vuela con su bicicleta camino de la escuela; el panadero añade un poco de agua de azahar a la masa de los molletes; la mujer del lechero hace tintinear las botellas durante los repartos y el posadero pone doble de espuma al servir la cerveza.

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