Los coleccionables que adquirió en el quiosco le proporcionaron una vida.
Así, con las primeras entregas, se construyó una bonita casa de dos alturas y con jardín.
Le siguieron el perro obediente y la gata persa como mascotas.
Cien números después, le correspondieron unos amigos comprensivos...
Más adelante, se hizo con la mujer fiel y los niños rebeldes con los que se instaló en el piso de arriba, dejando el de abajo para los amigos y las mascotas.
De esta forma, semana tras semana y con gran felicidad, fue añadiendo nuevos elementos a su biografía.
Pero llegó el día en que la editorial de los coleccionables se declaró en bancarrota y entonces su vida quedó paralizada y marchita para siempre...
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