Mi hermana mayor no me deja jugar con sus muñecas, dice que son perversas.
Tiene muchísimas, todas ordenadas encima de su cama.
A mí me parecen muy bonitas...
Mi hermana es una egoísta, por eso las amigas no le duran mucho.
Así que, de vez en cuando, me cuelo en su habitación y juego con las muñecas.
Son preciosas, de verdad... Con su piel de porcelana y sus vestidos de colores.
Las peino y hablo con ellas durante horas.
Ayer me entretuve tanto que me dormí mientras jugaba. Desperté en brazos de mi hermana, que lloraba lágrimas enormes.
“Te dije que no te acercaras a ellas”, gimió.
Su cama me parece gigante ahora.
Mamá aún me sigue buscando

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