Dicen que ya no existe un mundo literario que buscar, tan sólo fragmentos de realidad y micromundos capturables con lupa y trozos de espejo. Dicen que así la oscuridad tiende a voler al fin, provocando que los días futuros se internen en el vacío que el pasado va construyendo.
Muerta pues -aparentemente- la escritura imaginativa, me declaro abiertamente ladrona de fulguraciones.
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