Si soplaba el «matacabras», era mejor guardar los termómetros, o no volverían a subir; las gallinas ponían huevos vacíos porque no tenían calor suficiente para empollarlos; y el suelo se cerraba resguardando las semillas, que crecían hacia dentro.
A veces, semanas después, se podía encontrar una flor oculta al remover la tierra.
Entonces, se olvidaban los días silenciosos.
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