La humilde luciérnaga carece del poder de la luz.
Es así como el moscardón errabundo pasa junto a ella mil veces en la oscuridad sin verla.
Ésta oye a su amado zumbar a su alrededor, buscándola en vano. Quiere ser encontrada pero carece de la capacidad de dar a conocer su presencia, sin voz para llamarlo, sin alas para seguir su vuelo...
De esta manera el moscardón se irá a buscar otra pareja. La Luciérnaga Sin Luz, por su parte, tendrá que aprender a vivir y morir sola.

0 Sorbos de té:

Publicar un comentario