Después de comer, mientras Toña sirve café, galletas y nieve de membrillo, la tía Martucha pide que le traigan los cigarros. Todos ocupamos nuestros lugares y nos apuramos a recobrar la compostura.
Martucha es una mujer pequeñita, un poco jorobada a la que le gustan las joyas de fantasía y las blusas de seda. Tiene el cabello blanco, la piel floja y los ojos claros y cansados.
Cuando fuma, su voz tenue comienza a bordar en el recuerdo...
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