Su madre lo había guardado en una bolsita y la había mandado a la cama con el pretexto del Ratoncito Pérez. La niña, no obstante, desconfiaba. Su abuelo dejaba todas las noches sus dientes sobre la mesilla y no recibía nada a cambio.
-Eso es porque los míos son falsos... Pero por el tuyo recibirás una moneda y podrás coleccionarla como hago yo.
Este sorprendente descubrimiento hizo que aquella noche la niña deslizara su diente bajo la almohada de su abuelo.
-Este es de verdad, Abuelo. Ahora podrás comenzar una nueva colección.

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