Por poco me parto el alma de nuevo tratando de emular un final made in hollywood.
Si lo mío es eso del equilibrismo, la huida precipitada, las cuerdas, la voltereta, el regate, el sálvese quién pueda, la corneta, el último tango... ¿A santo de qué vino la eternidad repentina, la estabilidad, la cordura, los juramentos, los lazos sagrados, los cuños de la ley, los violines, la cabeza asentada, los ojos ahogados, el agárrame fuerte bonita, el corazón en tinieblas, pasajeros al tren?
En fin, otra muesca incoherente en la trayectoria de la Zarigüeya, incomprensible como ella sola, infiel al Gran Manual de la Buena Yo Mismita...
No, no se preocupen, estoy bien: la altura no era demasiada y no llevaba tacones.

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