Remuevo el té pensando en el día que me espera, dando vueltas a la cucharilla y a las cosas que tengo atascadas, pendientes...
Lo cierto es que sin mirar nada más que el remolino que hace la cucharilla no reparo en que el mundo, mi mundo, da vueltas en otro remolino. Y por el agujero que se forma van pasando las historias, miradas, palabras, las escenas inventadas, los personajes, todo lo que forma mi escritura.
No me doy cuenta de que al beberme el té de la mañana me lleno de nuevo de mis microrrelatos removidos.
0 Sorbos de té:
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