El peso del mundo sobre los hombros

Mis hombros no saben nada... Se limitan a dolerme.
Y creen que cargan con el peso del mundo, al menos uno de ellos, el izquierdo, que es el que más se empeña en demostrar dolor y mandármelo cuello arriba.
Yo trato de convencerles de que eso de cargar con el peso del mundo es sólo una metáfora, que no hay motivo para tanto dolor, pero no me hacen mucho caso.
Así que he ido al médico. Me ha tocado los hombros, el cuello, y me ha dicho:
-Tienes una contractura. Aquí. En el lado derecho.
Es muy extraño, porque el que me duele es el izquierdo. Está claro que mi cuerpo tiene una percepción muy equivocada de sus propios males.
Trato de debatir con el médico sobre las causas de esta contractura tan impertinente, pero éste sugiere demasiadas cosas, todas muy inconvenientes para mi curriculum...
Cualquier mal gesto, una mala postura leyendo, el peso del mundo sobre mis hombros...
En cualquier caso, el doctor me receta un anti-inflamatorio y un relajante muscular.
Y aquí todo se complica.
El anti-inflamatorio me pasa bastante desapercibido, pero el relajante muscular acaba por relajarme tanto que a los cinco minutos me caigo rendida en brazos de la modorra, me quedo inevitablemente traspuesta, no importa en qué situación o contexto.
Y es entonces, mientras estoy tan relajadamente dormida, cuando aparece un personaje misterioso que saca partido de la coyuntura y abusa incompasivamente de mí, pobre indefensa y sin posibilidad de contragolpe, y a sus anchas moldea y estruja mi cuerpo hasta sin duda provocarme esta contructura que en la actualidad padezco.
Es la investigación acerca de la identidad de este personaje la que me mantiene alejada de este blog últimamente...

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