Música que me traspasa el alma

Es una música melancólica, cargada de nostalgia...
El bajo puntea su ritmo de tango como si imitara el pulso sordo del corazón.
Las cuerdas, por su parte, respiran un aire de niebla que va y viene; pasean por el mar, ondulan perezosamente y algún rizo arremolina el paso fugaz de ecos extraños.
Y, sobre ellos, aparece el bandoneón con su fraseo entrecortado, ágil, tal vez irracional... ¿Quién sabe de qué habla?
Pero lo más sobrecogedor es su parte central, de una melodía nítida, sencilla y cadenciosa.
Las cuerdas imponen su ley y son abrazadas por el bandoneón. ¡Es ahí donde el olvido -o el recuerdo- se vuelve algo maravilloso! Donde la tristeza se torna un placer, donde el mundo, a pesar de todo, se sabe hermoso.
Y entonces, para terminar, la música va dejándose caer lánguidamente en una profunda tristeza para acabar tímida y sutilmente. Como si de las notas quedaran únicamente fantasmas suspendidos en el aire.

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