Otra vez he visto "El Violinista En El Tejado"

Vemos con cierto agobio cómo se acerca la oscuridad y el frío de la noche. Nuestras piernas están cansadas y ya no son tan firmes como antes, pues cualquier ráfaga extraña de viento podría arrojarnos al suelo.
Pero aún así, antes de que el sol se ponga, hemos de encontrar la nota precisa que dé sentido a toda nuestra melodía.
Miramos con desgana los deberes de la moral, pero, ¿no son obligaciones también el hambre, el sueño, la sed; el mismo gesto del continuo respirar, la inconsciencia del corazón en su latir...?
Nuestros actos están dirigidos por deberes biológicos bien reconocibles, pero también por deberes culturales que nos cuesta más reconocer...
Algunos nos hemos rebelado, desobedientes, tanto a unos como a otros... ¿Y por qué?
¿Ha sido por nuestro afán psicológico de libertad? ¿No sería, pues, ese afán de libertad una obligación dictada por lo que singularmente somos? Tu “yo” te obliga a luchar contra lo que es diferente. Pero ¿Luchas porque el egoísmo de los demás está a punto de destruir el mundo? ¿Acaso crees que no cumplen ellos, como tú, con sus ingenuos dictados psicológicos?
Sabes además que el mundo está sentenciado y sus días, como los tuyos, están contados... ¿A qué deber renunciarás para ser tú mismo, para que el mundo cambie o siga siendo igual?
Una vez alguien te tendió la mano y te susurró: “Abandona ya la casa de tu padre y de tu madre y ven conmigo al incómodo reino de la verdad”. Y como ingenuos sanchopanzas le seguimos, sin saber si nuestras aventuras nos llevarán a la gloria o a la perdición.
Pero cuando el día termina, hemos de volver a casa y, como pájarillos, renunciamos a la inmensidad del cielo para dormir en nuestro pequeño y oscuro lecho. Y, antes de sucumbir al sueño, caen sobre nosotros el peso de nuestros vuelos: ¿Cuál es el sentido de lo que hemos hecho? ¿Cuál es la nota que nos falta? ¿Cuál el paso que no hemos dado?
Yo, confusa y desconcertada termino el día intentando cumplir con mis obligaciones. Con todas: las que conozco y las que desconozco. Sé que debo ser fiel a ellas.
Y todo el mundo gira y se arremolina movido por el Gran Viento, sin saber de dónde viene ni el por qué de haber caído en este preciso lugar. Yo también soy fiel al este viento. Frente a Él lanzo mi melodía, la investigo y la sostengo.
Como un violinista en el tejado.

0 Sorbos de té:

Publicar un comentario