Podríamos decir que de alguna manera el Cielo se aleja...
Como si de niños lo aferrásemos con nuestras manitas y, llegados a una edad, lo soltáramos dejándolo libre.
Él no quiso. Lo agarró siempre tan fuerte que sus ojos se llenaron de ángeles.
Yo sigo visitándolo: nunca se olvida de regalarme pedazos de nube...
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