Engaños

Me tomo una cerveza y tú me tomas el pelo.
Tanto temblor en tu voz, tanto hacer nudos con tus cabellos y acariciar tus anillos; tanto esquivar la mirada hacia las prisas de la calle o hacia la luz de tu teléfono. Tanto rascarte el cuello y tu falda...
Te tengo calada, nena, pues disimulas de pena: estás perdidamente enamorada de mí.
Pero sigo tomando en silencio mi cerveza. Sigo dejando que me tomes el pelo mientras te cuento tonterías y pienso en lo raros que son tus ojos y en las ganas que tengo de comerte.

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