Estrategias

- El secreto está en el silencio. No pronuncie ni una palabra, sólo obsérvele. Obsérvele fijamente sin decir nada hasta que se ponga nervioso. Al principio, cuando le haga sentarse, verá que el sujeto habla con tranquilidad. Le dará información sobre sí mismo, hará algún comentario, confiará en usted. Al cabo de unos minutos, empezará a ponerse nervioso: le preguntará por qué calla, si ha hecho o dicho algo malo. Usted siga en silencio. Pronto, el sujeto notará que ocurre algo extraño, se pondrá más agresivo, probablemente le insultará, exigirá que le explique por qué le ha hecho ir hasta allí, qué es lo que quiere que diga. Usted no conteste nada. Sólo mírele. Haga que se sienta mal. Que se dé cuenta de que usted lo sabe todo. Cuando vea que está a punto de echarse a llorar, no flaquee. Es justo en ese momento cuando debe empezar a interrogarle.
- ¿Y entonces?
- Entonces ya no le ocultará nada. Lo confesará todo: las veces que se ha saltado la dieta, los cigarrillos que se ha fumado, los días que no ha tomado la medicación. Los pacientes son muy mentirosos y los médicos tenemos que darles caña desde el principio, Ramírez, no lo olvide.
- Sí, doctor.

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