Tiempo

Al otro lado de la ventana... Nada de nada. La vida permanecía inmóvil desde que la abuela escondió al tiempo en el reloj de la cocina.
Lo encontró el jueves, acurrucado, mientras podaba los rosales. Al pobre le daba miedo continuar su curso...
-Voy a ser el peor tiempo de la Historia –repetía­–. Menuda responsabilidad...
Y la abuela tan tranquila...¡Venga a cocinarle platos de abuela y a cantarle canciones de antes!
Una mañana se levantó temprano y comenzó a preparar sus natillas especiales. La casa olía tan bien que hasta el tiempo metió prisa al segundero para enfriarlas más rápido.
Esa tarde se escuchó de nuevo el ruido de la ciudad.
Todo volvía a ser como antes, sí, pero con un ligero toque de vainilla y canela...

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