Destino

El abuelo Tomás decía que cuando uno respira el polvo del carbón durante un año, se le queda la mina dentro para siempre. Asegura también que la sangre se te vuelve negra...
Le gustaba la oscuridad y sabía ver a través de la negrura de la noche. Luego, durante el desayuno, me desvelaba las historias que allí ocurrían.
Y nunca me mintió, de eso estoy seguro, pero sí se calló alguna verdad... Como cuando mi madre se cortó mientras cocinaba y de la herida brotó un líquido negro y brillante.
Yo le interrogué con los ojos. Sin embargo él no dijo nada; tan solo arrugó la frente, confirmando lo que me temía:  yo también llevaba la mina dentro.

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