El conductor del autobús vio al viejo en la parada, el de siempre, puntual, esperando.
Sabía que después tendría que aguardar a que ese cabezota fuese hasta uno de los asientos de la parte de atrás, habiendo como había otros sitios libres delante.
Nunca imaginó que era escritor y que su propósito era capturar las conversaciones que quedaban flotando en el aire.

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