Paola camina suavemente, sin hacer ruido. Su caminar es tan leve que a veces parece que sus pies apenas tocan el suelo. Por eso, por lo infrecuente que es cualquier golpe, asusta cuando un paso al frente trastoca lo previsto. Y esta vez sus pasos sumieron a Pedro en el pánico, dejándole una sensación de abandono y derrota incomparables.
Qué extraño... Tantas veces había pensado él que quizás convenía que dejasen la relación, que no se sentía tan amparado a su lado... y ahora ¿qué justificación tenía este desamparo descomunal?
Nunca aprende que el miedo al sentimiento de culpa jamás debe superar a la impotencia de ser dejado.
Los pasos de Pedro ahora son atronadores. Debe de ser por eso que le cuesta tanto darlos.
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