El Fin

La sirena estaba allí...
Los cabellos enmarañados flotaban en torno a su rostro de porcelana y la cola emitía destellos de plata en la oscuridad.
Sus ojos ambarinos me observaron mientras luchaba por mantenerme a flote.
Tendió su mano hacia mí y sus labios articularon una palabra: “Ven”.
Supe que era una alucinación provocada por el frío. Su mirada era la tuya cuando me ofreciste por primera vez aquella taza de té: una promesa de felicidad que incumpliste al empujarme por la borda del crucero en nuestro primer aniversario.
No tenía sentido continuar.
Alargué mi brazo entumecido hacia ella y, de un tirón, dejé que me arrastrara a las profundidades...

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