Digo cosas demasiado inteligentes para cualquier ser humano... O soy tan amante de lo absurdo, que todos caen en la más sublime estupidez.
Lo cierto es que no hay nada a mi alrededor que tenga que ver conmigo, así que intento aferrarme a algo conocido, pero por más que busco, sólo me encuentro a mí misma sujetándome de manera desesperada al monólogo, al maldito monólogo interior.
Ya en casa, me esfuerzo por suponer que son los demás los que no están, pero intuyo tímidamente que soy yo la que nunca está, con toda mi incapacidad para comunicar.
Rendida, me repito que no me importa, pero...
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